viernes, 14 de diciembre de 2018

El fiasco de Podemos

Con la fundación de Podemos en 2014 muchos depositaron sus esperanzas de ver representadas en el Parlamento aquellas reivindicaciones del 15-M y el movimiento indignado que había llenado las calles y plazas de España tres años antes. El bipartidismo PSOE-PP no dejaba lugar para el cambio de un sistema marcado por la corrupción, la ausencia de una división de poderes, el agotamiento de una democracia no participativa y una insalvable política económica neoliberal.

El nuevo partido prometía una participación ciudadana plena donde, a diferencia de las demás formaciones, las bases serían oídas y donde el conjunto político se estructuraría en plataformas y agrupaciones de electores inscritos, destacando la configuración de los círculos que representarían diversos sectores de la sociedad (economía, sanidad, educación, justicia, feminismo, etc.) de manera que podían trasladar sus inquietudes a la dirección del partido, abierto a las cuestiones planteadas por estos colectivos. En esta fase inicial, Podemos afirmaba su carácter transversal, es decir, plural, en cuanto a que en él tenían cabida distintas tendencias, admitiendo cierta ruptura con el posicionamiento clásico de la izquierda, tal y como venía demandando el movimiento 15-M.

Han bastado cuatro años para demostrar que la organización en torno a los círculos de representación es ineficaz e inviable. Como en cualquier otro partido, la cúpula es hermética y las bases únicamente están para acatar lo que la dirección propone, confirmando el sentido unidireccional y vertical de las decisiones políticas. De igual modo, Pablo Iglesias, secretario general del partido, decide enterrar la transversalidad para convertirlo en una formación claramente identificada con las premisas de la izquierda no centrista, con lo cual logra el desencanto y la pérdida de confianza del electorado más moderado.

En su origen Podemos prometía acabar con el sistema oligárquico, pero una vez en el poder sus líderes terminan comportándose como aquella casta política que antes criticaban, aceptando los mismos privilegios, vicios y defectos, con lo que finalmente se disipa la posibilidad del esperado cambio. Con Podemos el sistema permanece intacto.

1 comentario:

Nuria Mastache dijo...

Muy buen artículo gracias por escribirlo