Mediante la tercera ley de Celine, Robert Anton Wilson argumenta que es preferible un político corrupto a otro honesto en tanto que el primero afirma su interés por incrementar su patrimonio particular prevaliéndose de los fondos públicos que dependen de su gestión, manteniendo el statu quo colectivo y sin modificar apenas el marco jurídico, mientras que el segundo puede llegar a convertirse en un tirano reformista al pretender regenerar la sociedad recurriendo a una proliferación legislativa que termina reduciendo la libertad individual de unos ciudadanos cada vez más temerosos de infringir la ley. En conclusión, la mayoría es deshonesta.
martes, 23 de enero de 2018
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