martes, 23 de enero de 2018

Sinvergüenzas al poder

Mediante la tercera ley de Celine, Robert Anton Wilson argumenta que es preferible un político corrupto a otro honesto en tanto que el primero afirma su interés por incrementar su patrimonio particular prevaliéndose de los fondos públicos que dependen de su gestión, manteniendo el statu quo colectivo y sin modificar apenas el marco jurídico, mientras que el segundo puede llegar a convertirse en un tirano reformista al pretender regenerar la sociedad recurriendo a una proliferación legislativa que termina reduciendo la libertad individual de unos ciudadanos cada vez más temerosos de infringir la ley. En conclusión, la mayoría es deshonesta.